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sábado, 6 de febrero de 2010

El reino de la princesa ( Fragmento)

Bueno esto es algo que me paso de verdad, por eso lo escribo. Si lo escribí yo, espero que les guste, no se... a mi me gusto, a medida que lo continúe lo sigo subiendo.


Se preguntaran como habrá sido un reino, un castillo, una princesa y su sequito, como montaban sus enormes caballos, vivían sus romances, luchaban con pasión y morían por valentía. Eso, seguramente, viaja a través de la cabeza de cualquier persona, al hablar de castillos y dragones, de estrellas y sueños, de reyes y reinas. Cualquiera sueña, o soñó con eso, fantaseo o simplemente lo expreso, como una extensión de su alma, en un medio físico, al que llamo arte.
 Yo no me lo pregunto, mi vida gira en torno a esos  objetos representantes de la fantasía.  Nunca supe bien por que, a mis casi18 años, lo único que podía imaginar eran castillos y princesas, pero yo nunca era la princesa, solo era una espectadora hambrienta de sangre al borde del abismo. Atormentada en cada rincón de mí ser, observaba y sonreía macabramente.
Como tantos niños y niñas todos conocimos el mundo de lo "medieval " a través de típicos dibujos animados representando el hecho, o con nuestras maestras de historia queriendo no solo mostrarnos Latinoamérica, si no lo que nos rodea y, que en su momento, marca, y marco, nuestro destino político, económico y  social.
Nunca fui, a mi debida edad, una niña de jugar a ser princesa, ni súper modelo ni por el estilo. Yo solo jugaba a ser maestra  y dibujaba. Mi mundo era crear, imaginar  y representar, por medio del papel, lo que me gustaba.
Pero dejemos de hablar de mi extraña, aunque curiosa, niñez, para adelantarnos a la parte en que el reino se construyo justo en mi cabeza.
Mi adolescencia no fue un diamante, más bien fue un carbón, seco y duro, amargado y envidioso, imperfecto, pero con la capacidad de serlo, abusado y  solitario, denigrado y escupido, obligado a ser algo que no es. Atormentada por los golpes e injusticias de la vida, trataba de sobrevivir aforrándome de lo que primero me encontrase, y lo que siempre encontraba era algo peor a mis problemas, y como una enorme mancha negra me cubría, cancerigenamente, cada pedazo de corazón.  Mis dioses me dieron el nombre de monstruo, uno feo y antisocial, uno apetecible pero desagradable. Era de esas típicas personas que no nacieron para vivir, que solo  una lluvia de pétalos carmesí puede dejarnos ver el hecho de que si estamos vivos, y hacer que el gris de la piel  se torne, aunque sea una pizca, mas humano. Trate, por muchos medios, de ser una persona normal, una feliz. Los monstruos no somos felices, somos solos, tristes, amargados, carnavalescos, extraños y rencorosos.
Por lo tanto me costaba dormir mucho de noche, no podía, era desesperadamente imposible. Me atormentaban muchos recuerdos, sensaciones, palabras, gritos y tristeza. Por momentos me sentía morir recostada en mi cama, pero con la mala suerte  de que solo era una sensación. Mis memorias, cada palabra, cada roce, cada sombra y silueta jugaban a la ruleta rusa en mi cabeza. Trataba de salvarme de esa nube espesa, gris y negra, recordando letras de canciones de artistas de rock melódico, jazz o metal. Nada, nada ocurría me hundía mas y mas.
Una noche estaba muy cansada, los parpados eran plomo sobre mis ojos. Sin embargo  yo no podía dormirme, decidí pensar en otra cosa, despejar mi mente. Asi que cerré fuertemente mis ojos y la primera imagen que se pude descubrir en la oscuridad, de mis ojos cerrados, era tan hermosa y suave, como el pétalo de una rosa.
El paisaje comenzaba como una dilatación, un latido casi,  blanca que se dispersaba y transformaba, tomaba, en cámara lenta, una mayor gama de colores, del azul al verde, del amarillo al rojo, ocres y grises jugaban a las escondidas entre las diferentes formas. Claramente se podía
 Observar como comenzaba a brotar del suelo pasto, como si fuera magia, el verde de la hierva se mancho de puntos de diversos colores, que contaminaban el aire con sus perfumes dulces. Y como gigantes, luego de un largo sueño, nacían árboles, avanzando por la tierra colocando sus enormes raíces. Crecían de tal manera que sus copas podrían  haberse incendiado al chocar con el sol. Inconfundibles pinos y arbustos rompían lo blanco que se estaba tornando el paisaje por la nieve.  Una angelical sabana celeste, con pedazos de algodón, cubría el paisaje, para solo ser tapada por incontenibles montañas. El mundo que podía observar, en ese momento de inercia y maravilla, era un mundo pálido pero colorido, era muy frió pero acogedor. Recuerdo que esa noche de verano, en la que soñaba este universo mágico, comencé a temblar  y  cualquiera pudo haber advertido ese síntoma consecuencia de algún desorden alimenticio, pero no. Yo estaba  en una mágica bola de nieve con  senderos hermosos por recorrer.
Cuando pensé que la obra maestra, que yo misma había imaginado, había concluido,  me di cuenta de lo herrada que estaba. Mis pupilas, como eclipses, observaron la pequeña y frágil imagen que se formaba.
A lo lejos y entre las montañas, se abría, casi mitológicamente, un pequeño sendero de agua, tan cristalina como la paz. A sus orillas solo la nieve podía distinguirse, y tal vez un que otro brote. Allí la vi, estaba sentada justo al lado del helado río, estaba sola y parecía preocupada. Me detuve a observarla, todavía no lograba diferenciaba bien.
Y otra vez mi cabeza pinto una obra de arte para mi, Ella era mas pálida que todo ese escenario a su alrededor, su tono de piel paria desde el rosado hasta el azul, en una excelente gama de colores fríos y suaves. Su cabello era de un rubio, mas blanco que el trigo, lacio pero revuelto, dos mechones acariciaban sus pómulos y el resto caía sobre sus hombros y espalda formando unas pequeñas curvas a media que acababan. Sus labios como pétalos violetas casi azules, sus ojos más oscuros que un enorme océano nocturno, su  nariz respingada solo se dejaba ver para mostrar unas adorables pecas. Sus pestañas café cubrían sus tristes parpados, mientras que su mirada seguía perdida. Lentamente pude visualizar su vestimenta. Tenia un vestido de mangas abuchonadas  que dejaba ver sus hombros, poseía un pequeño escote con un bordado dorado, el vestido continuaba al ras de su esquelético cuerpo hasta la cintura, luego se ensanchaba para dar comienzo a  pliegues y pliegues de tela rosada, que casi parecía de terciopelo o gamuza. El vestido era todo rosa, un rosa tirando a púrpura, como viejo y tenia pequeños detalles en hilo dorado y perla. Sobre su cuello un pequeño, pero  detallado, rosario negro como el petróleo, en sus pies uno pequeños zapatos casi acharolados rosas pastel, sus manos poseían cintas de raso de diferentes colores, azul, violeta, fucsia, celeste, etc. Pero lo que mas me llamo la atención fue lo que vi aparecer en su cabeza, pude observar una puntiaguda, dorada y delicada tiara, como una pequeña corona con diamantes rosas, posarse en su cabello armoniosamente.

1 comentario:

  1. nena todo esto esta en letras negras... y a muchas no se les cruzara x la cabeza sombrearlo para ver el contenido... en fin. .enserio sonaste todo eso? wow... me resulta un tanto intrigante y siento como que aun falta una parte... avisame si pones algo mas al respecto.. quien era la chica ? muchos besos muah cdt

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